Uno de los debates persistentes en torno a la guerra con Irán es la cantidad de armas que lanzó Estados Unidos, ya sea atacando a Irán o defendiendo las bases estadounidenses de los ataques iraníes.
La pregunta de cuántas armas se usaron lleva a otra: cuántas quedan en los inventarios de Estados Unidos. Si esos inventarios remanentes son bajos, eso pone en duda la capacidad de Estados Unidos para sostener la guerra en Irán y responder a otros focos de conflicto alrededor del mundo.
El presidente Trump asegura que Estados Unidos tiene armas de sobra para seguir la guerra y hacer frente a nuevas amenazas. Pero esa afirmación es dudosa. La verdad es que los arsenales están casi totalmente agotados en algunos casos, y peligrosamente bajos en otros.
Conseguir datos duros no es fácil, pero logramos obtener cifras razonablemente precisas de fuentes dentro del Pentágono y de los propios fabricantes de armamento.
Acá va un resumen de los principales sistemas de armas que hoy escasean, con las cantidades pedidas para reponer los arsenales de Estados Unidos, las entregas previstas, la capacidad de producción anual y los plazos estimados para que los inventarios vuelvan a los niveles previos a la guerra:
Estos datos se centran en los sistemas de armas más importantes que Estados Unidos usa en Irán, entre ellos misiles de crucero, antimisiles y misiles de ataque.
No incluyen otros datos más mundanos pero igual de importantes, como la escasez global de proyectiles de artillería de 155 mm. Esos proyectiles no se usan en Irán, pero son armas clave en el frente de batalla en Ucrania.
Algunos datos clave deberían saltarte a la vista con estas cifras.
El primero es la brecha entre las armas que pide el Pentágono para 2027 y la cantidad de armas que se espera recibir en 2026. Los pedidos de misiles Patriot para 2027 son casi 20 veces las entregas previstas para este año. Los pedidos de misiles THAAD para 2027 son más de nueve veces las entregas previstas para este año. Los pedidos de misiles PrSM para 2027 son más de 16 veces las entregas previstas para este año. En el resto de los sistemas prevalecen relaciones igual de altas.
Esta relación pone en duda seria la capacidad de los fabricantes de armas para cumplir con los pedidos del Pentágono. Es cierto que la producción está aumentando, pero estos sistemas de armas son altamente sofisticados y, por lo tanto, sensibles en términos de componentes electrónicos, sistemas de guía, buscadores de radar y otras características que los hacen efectivos.
Ampliar la producción no es tan simple como ampliar la producción en una línea de ensamblaje de autos. Parte del trabajo es casi artesanal.
También hay un desajuste enorme entre las armas pedidas y la capacidad de producción real. Los misiles Patriot pedidos equivalen al 160% de la capacidad estimada. Los misiles THAAD pedidos equivalen a casi el 900% de la capacidad actual, si se usa la estimación más baja de capacidad.
Este desajuste explica por qué muchas de las metas de inventario no se van a cumplir hasta 2029 o más adelante. Y ni siquiera esas estimaciones para 2029 contemplan un aumento de los ataques en Irán o nuevas guerras en otros lugares.
Estados Unidos está actuando desde una posición de debilidad en cuanto a los inventarios de sistemas de armas clave. Los reclamos ruidosos de la Casa Blanca no van a cambiar eso.
La mayor vergüenza es que los arsenales de Estados Unidos no estarían tan agotados si el país hubiera destinado tantas armas a Ucrania.
Escribimos desde el comienzo de esa guerra en 2022 que Rusia iba a ganar y que Ucrania era un estado corrupto con un serio problema neonazi. Esos pronósticos reflejaron nuestra evaluación de la guerra desde el principio. El desenlace ya está en marcha, con Rusia presionando su campaña en el este de Ucrania y a lo largo de la costa del mar Negro.
Los misiles Patriot y otros sistemas que se le entregaron a Ucrania se sumaron a la presión sobre los inventarios y la capacidad de producción de Estados Unidos. No todas esas armas salieron de las reservas existentes de Estados Unidos, y Ucrania no es la única razón por la que los inventarios están tan bajos ahora que estamos peleando en Irán.
Pero la asignación de armas escasas entre teatros de operación en competencia es exactamente el problema que Washington debería haber anticipado.
La Casa Blanca invocó la Ley de Producción de Defensa para eliminar obstáculos legales, logísticos y de cadena de suministro a la producción ampliada de armamento. Por supuesto, la situación no sería tan grave si Obama y Biden no hubieran pasado sus doce años en el cargo desgastando la capacidad militar de Estados Unidos.
Trump no pudo hacer mucho para revertir la situación en su primer mandato, por el engaño del Russiagate y los dos juicios políticos liderados por los demócratas. Ahora, en el segundo mandato de Trump, las cosas empiezan a cambiar para mejor.
Los mayores contratistas de defensa de Estados Unidos (conocidos como los “Big Eight”) son Lockheed Martin, RTX (antes Raytheon), General Dynamics, Northrop Grumman, Boeing, L3Harris, HII (antes Huntington Ingalls Industries) y Leidos.
Lockheed Martin es el contratista principal del THAAD, el JASSM y el misil de ataque PrSM. RTX es el contratista principal del misil de crucero Tomahawk, el sistema de defensa aérea Patriot, el SM-3 y el SM-6. HII construye portaaviones y submarinos nucleares.
Northrop Grumman construye el bombardero furtivo B-2 y es socio importante del avión de combate avanzado F-35. L3Harris se especializa en telecomunicaciones avanzadas, guerra electrónica, visión nocturna y motores de cohetes.
Leidos trabaja de cerca con la comunidad de inteligencia en operaciones cibernéticas y software de misión. General Dynamics construye el tanque de batalla M1 Abrams y submarinos de propulsión nuclear. Las unidades de espacio y defensa de Boeing se enfocan en aviones de combate, helicópteros, y sistemas espaciales y satelitales.
Más allá de los Big Eight, otros grandes contratistas de defensa incluyen a SAIC, Booz Allen, Textron, SpaceX, Palantir, Anduril y General Atomics. A medida que el Pentágono reponga sus arsenales e invierta en nuevas tecnologías, los contratos van a fluir tanto hacia los fabricantes establecidos como hacia las empresas más nuevas.
El estado calamitoso de los inventarios de sistemas de armas de Estados Unidos, así como la obsolescencia de muchos sistemas de primera línea, es una vergüenza nacional.
Los sistemas de defensa aérea Patriot pueden derribar misiles de crucero y misiles balísticos, pero la amenaza creciente de las armas hipersónicas avanzadas presenta nuevos desafíos. Rusia atacó repetidamente sistemas Patriot en Ucrania, lo que subraya la vulnerabilidad de los costosos activos de defensa aérea frente a los ataques con misiles modernos.
Dicho esto, de los fracasos del pasado surgen nuevas oportunidades.
El Pentágono está decidido tanto a reponer los inventarios como a construir nuevos sistemas mejor adaptados a la era de la inteligencia artificial, los enjambres de drones y las armas hipersónicas. Los inversores que busquen aligerar su exposición al boom de la IA podrían considerar al sector de defensa como la próxima gran apuesta.
Gracias por leer.
Jim Rickards
Para Libertad & Riqueza
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