Los hutíes destrozaron a las fuerzas sauditas y tomaron el control de un tramo clave del mar Rojo, dejando a Arabia Saudita a días de perder casi todas sus exportaciones de petróleo. Te explico por qué esto redibuja el mapa energético mundial por mucho tiempo, y en qué tipo de energía conviene estar posicionado a partir de ahora.
Por Byron King
Hay una vieja frase de Wall Street: “Compra con el rumor, vende con la noticia”.
Bueno, desde el mar Rojo, pasando por Arabia Saudita y hasta el golfo Pérsico, los rumores acaban de redibujar el mapa de dónde conviene invertir en petróleo.
Hoy no voy a andarme con rodeos. Esta es la conclusión: hay que tener posiciones en energía y en empresas de servicios petroleros que operen lejos de Medio Oriente.
Si ya tienes inversiones así, felicitaciones. Si no, tienes que moverte.
Y te dejo una lista:
Todas estas y más…
Medio Oriente es la zona cero de los problemas energéticos mundiales. Desde que estalló el conflicto con Irán en febrero pasado, los flujos globales de energía están alterados. El precio del petróleo viene rebotando, pero en general está subiendo. Y ahora, después de lo que pasó la semana pasada entre Arabia Saudita y Yemen, está subiendo en serio, algo que vamos a desarrollar más abajo.
La oportunidad de inversión está en que, durante muchos años, los mercados subestimaron el riesgo en una región históricamente volátil.
Y no es que la gente no conociera los riesgos. Cualquiera podría haber ido a una buena biblioteca y buscado algo de historia sobre la región arábiga. Pero después está lo que se llama “sesgo de recencia”. Mucha gente pensaba que las cosas parecían estar bajo control.
Pero, obviamente, las cosas no están bajo control.
Desde la torre petrolera en los campos de producción hasta la estación de servicio que está cerca de tu casa, la historia del petróleo no es “solo” geología, y lo digo como un viejo geólogo petrolero.
El petróleo es un sistema de sistemas:
Ahora estamos viendo en tiempo real cómo un conflicto aparentemente “local” puede desatar un terremoto energético y económico global. En Arabia, son los sauditas contra los hutíes, y la mayoría de la gente escucha eso y dice: “¿Eh?”.
Porque, ¿quién tiene tiempo para aprender sobre disputas tribales oscuras que se remontan a más de un siglo, hasta los últimos días del Imperio otomano, ni hablar de investigar siglos todavía más atrás, en la bruma polvorienta de tiempos antiguos? A nadie le importa, ¿no?
Bueno, ahora mismo nos importa a todos. Y la versión corta es que una milicia bien organizada de Yemen (llamada “hutíes”) acaba de destrozar a las fuerzas militares sauditas y se hizo con el control de un tramo estratégico de la costa del mar Rojo. Durante los combates, un oleoducto clave de Arabia Saudita quedó destruido; según parece, las estaciones de bombeo están destruidas. Así que ahora, Arabia Saudita está a días de quedarse prácticamente sin exportaciones de petróleo, una pérdida para la oferta global de alrededor de 8 millones de barriles diarios.
Tenemos una situación en la que los petroleros tienen que cambiar de ruta; las aseguradoras tienen que repreciar sus pólizas; las refinerías de todo el mundo están a las corridas; y el petróleo, los productos refinados, los fertilizantes, otros petroquímicos, el GNL, la carga en contenedores, los alimentos y mucho más ahora tienen que navegar por rutas y horarios completamente distintos.
Con el tiempo, el costo de vida va a subir, mientras que tu calidad de vida va a bajar. Mira acá arriba, cerca de mi casa: el diésel en California a USD 9,99 el galón.
Nota cómo satura la pantalla electrónica de precios.
(Sin dudas, Shell va a encontrar la forma de arreglar ese problema.)
Volvamos al mapa del comienzo. Del lado este de Arabia está el estrecho de Ormuz, la salida angosta para las exportaciones de energía de Arabia Saudita, Kuwait, Irak, los Emiratos, Catar e Irán, y mucho más. Está en las noticias todo el tiempo desde que arrancó el conflicto con Irán.
En la esquina sudoeste está Bab el-Mandeb (BAM), la “Puerta de las Lágrimas”, donde el mar Rojo se abre hacia el golfo de Adén y el océano Índico. Además, BAM es la puerta de entrada a Suez, más al norte, que lleva a los puertos del Mediterráneo y a Europa. También estuvo en las noticias en los últimos años, y ahora es uno de los motores centrales de la historia energética.
Básicamente, si alguien cierra o restringe Ormuz o BAM, el mundo cambia rápido. Si Ormuz y BAM tienen problemas al mismo tiempo, entonces todos tenemos grandes problemas.
Es decir, con Ormuz restringido por Irán, a los productores de petróleo del golfo Pérsico les cuesta sacar la energía. Y ahora que BAM está amenazado, la ruta del mar Rojo y Suez se vuelve poco confiable.
Además, con el oleoducto este-oeste de Arabia Saudita cerrado, el puente terrestre del reino desde los campos petroleros del este hasta Yanbu, sobre el mar Rojo, deja de ser una fuente confiable de petróleo para los mercados globales, y de hecho se convierte en un blanco más.
Y hay que tener en cuenta que la milicia hutí no necesita derrotar a Arabia Saudita en el campo de batalla, como una especie de versión invertida de la Tormenta del Desierto de 1991. Solo tienen que volver poco confiable la logística petrolera saudita.
En otras palabras, la milicia hutí (literalmente tipos en sandalias armados con AK-47s) no necesita una marina de aguas profundas ni una fuerza aérea moderna para alterar el transporte marítimo global. Solo necesitan controlar un tramo de la costa del mar Rojo, que es exactamente la situación actual. Pueden apostar observadores con binoculares (o usar imágenes satelitales chinas), desplegar drones y misiles de gama baja, usar minas o equipos de abordaje, y en general mostrar un poder de fuego suficientemente creíble como para que los armadores y las aseguradoras lo piensen dos veces.
El contexto más amplio es que el comercio global, y sin dudas el comercio de energía, funciona a base de cronogramas de navegación, crédito y confianza. Cuando los barcos tienen que detenerse a esperar una escolta, o desviarse bordeando África, los costos aparecen por todos lados: más consumo de combustible, faltantes o atrasos de inventario, demoras en las entregas, fletes más caros, primas de seguro por riesgo de guerra y precios más altos en toda la cadena.
Por supuesto, el petróleo se lleva los titulares. Pero las mismas rutas marítimas que usan los petroleros también sirven a los barcos que transportan productos refinados, GNL, fertilizantes como la urea y el amoníaco, metanol, azufre, aluminio, químicos industriales, autopartes, electrónica, textiles y productos comunes para el hogar.
Lo que se te ocurra, piénsalo porque lo vas a pagar más caro.
Desde la década de 1970, Arabia Saudita gastó fortunas enormes en aviones, misiles, defensas aéreas, asesores y centros de comando. Sobre el papel, se ve formidable. Pero en combate, sobre todo la semana pasada en Yemen, el poder militar saudita fue pésimo.
Un problema es que buena parte de las fuerzas terrestres sauditas está compuesta por mercenarios extranjeros: contentos de cobrar, pero poco efectivos como máquina de guerra. De hecho, la semana pasada, contra los hutíes, las tropas sauditas sufrieron una derrota desastrosa.
Además, los hutíes tienen ventajas donde importa. Pelean en su propio terreno, en sus montañas y en los accesos costeros que conocen. Son expertos en logística improvisada y pueden complementar sus capacidades con drones y distintos misiles iraníes y chinos. En el fondo, transformaron equipamiento barato en una ventaja operativa fuerte. Y, otra vez, los hutíes no necesitan conquistar Arabia Saudita, solo volver poco confiables las rutas de exportación de petróleo saudita.
La historia resumida es que la frontera entre Arabia Saudita y Yemen no es una línea clara, y nunca lo fue, ni siquiera en los tiempos del Imperio otomano. Cuando los otomanos colapsaron en la década de 1920, los sauditas reclamaron enormes áreas de tierra hutí. Y el resultado es una zona “tribal” mal definida y en disputa desde hace mucho, a lo largo de una cadena de montañas escarpadas. Dicho de otra manera, el conflicto entre sauditas y hutíes se basa en agravios históricos, diferencias religiosas y un resentimiento antisaudita que viene creciendo desde hace mucho. Así que no hay que dejarse engañar pensando que todo esto es una gran “guerra de poder” (proxy war) iraní.
En otro universo, tal vez el conflicto saudita-hutí sería local y con poco radio de impacto. Pero en este mundo, con la dependencia global de las exportaciones de petróleo saudita, sentimos ondas de choque en todo el planeta. Mirando hacia adelante, el panorama es feo para las exportaciones de petróleo saudita. Ormuz está restringido, BAM está bajo control hutí, y el oleoducto este-oeste saudita está cerrado, con las estaciones de bombeo reducidas a escombros.
Por eso, los mercados están repreciando el petróleo y muchas otras cosas, probablemente por un buen tiempo.
Vale la pena señalar que, según las noticias, el príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman le pidió al presidente Trump ayuda militar de Estados Unidos contra los hutíes, y Trump se negó a intervenir, al menos por ahora.
Está claro que Trump no quiere que las fuerzas estadounidenses se conviertan en los bomberos de esta pelea entre Arabia Saudita y los hutíes. Estados Unidos tiene un poder de combate inmenso disponible en Medio Oriente, pero en este momento su ejército tiene más problemas que recursos disponibles. Así que Trump y sus generales tienen que ser selectivos. El razonamiento detrás de la decisión es claro: ¿por qué debería involucrarse Estados Unidos? ¿Y qué gana Estados Unidos metiéndose en este lío?
Y ahí está la lección central para invertir en petróleo hoy. Para resumir: la prima de riesgo de Medio Oriente acaba de explotar, literalmente. Ormuz está restringido, BAM está amenazado, el oleoducto alternativo saudita está cerrado, y hasta el canal de Suez se puede cerrar con ataques militares relativamente simples. Así que el petróleo se está reacomodando a un nivel mucho más alto.
Esto no significa que el petróleo de Medio Oriente desaparezca. Pero sí significa que todo el petróleo, en todos lados (¡incluso aquí en Norteamérica!), ahora carga con una prima de precio basada en el riesgo de Medio Oriente. Llámalo la venganza de la geografía.
Mirando hacia adelante, la evolución necesaria para los usuarios de energía es la redundancia y la seguridad. En general, esto favorece a los productores que no son de Medio Oriente, sobre todo en el hemisferio occidental. Además, a las empresas de servicios, a las perforadoras costa afuera y al GNL que sale de infraestructura segura.
Otras apuestas sólidas van a ser el uranio en jurisdicciones estables, los minerales críticos, el combustible para la red eléctrica, el almacenamiento, los oleoductos y los servicios de energía relacionados que operan en jurisdicciones donde la ruta hacia el mercado no está controlada por una milicia con un rencor de un siglo.
Es triste decirlo, pero en la cultura de Estados Unidos el término “seguridad energética” es más una consigna política que un imperativo estratégico de fondo. Si no, ¿por qué Estados Unidos destinó tantos recursos mal utilizados a ideas tontas, que van desde el “Green New Deal” hasta vaciar la Reserva Estratégica de Petróleo cada vez que el precio de la gasolina sube unos centavos?
La seguridad energética es geográfica, al punto de desafiar la tiranía de la distancia. Requiere foco estratégico y disciplina a escala nacional. Es acero bajo tierra, equipamiento, mano de obra calificada, poder defensivo, y la capacidad de castigar a los malos cuando el mapa se pone feo.
Mirando hacia adelante, el mejor ángulo de inversión está en las empresas que producen y mueven energía sin tener que pedirle permiso a alguna tribu de la montaña, ni esperar que Washington rescate a un régimen saudita que le acaba de mostrar al mundo su incompetencia militar.
Byron King
Para Libertad & Riqueza
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