En 1990 vi a Steve Jobs en persona por primera vez, y sentí celos de todo lo que era. Ahora, treinta años después, hablé con Ron Johnson, el hombre que construyó la Apple Store, sobre cómo era trabajar con él. Te cuento las seis lecciones de negocios que me dejó esa charla, entre ellas la de las cinco palabras que Ron considera el mejor consejo que recibió en su vida.
Por James Altucher
La primera vez que vi a Steve Jobs en persona, sentí celos.
Era 1990. Yo estaba en Cornell, y Steve vino al Departamento de Ciencias de la Computación para convencer a la universidad de que comprara sus computadoras NeXT.
Eran estos cubos negros perfectos, las máquinas más hermosas que había visto en mi vida. Más adelante escribiría un programa de ajedrez en una de ellas.
Pero ese día nadie miraba las computadoras. Todos miraban a Steve. Nos amontonamos alrededor de él solo para estudiarlo de cerca, como si fuera una estrella de rock que se había perdido y terminó en el edificio equivocado.
Era joven. Era rico. Tenía carisma. Yo era un chico que no sabía qué iba a hacer con su vida, y ahí estaba este tipo que ya había cambiado el mundo una vez y estaba tratando de hacerlo de nuevo.
Quería ser como él. No sabía cómo. Todavía no lo sé.
Lo que hice en cambio, durante los siguientes treinta y pico de años, fue comprar casi todo lo que él ayudó a crear.
La laptop. El teléfono. El reloj. Los auriculares que pierdo cada tres semanas. Si la Apple Store vendiera camas, ahora mismo estaría durmiendo en una.
Así que cuando Ron Johnson vino a mi podcast esta semana, quedé un poco deslumbrado.
Ron construyó la Apple Store. La Genius Bar. Todo eso.
Antes de eso, dirigía el área de merchandising en Target, donde contrató a Michael Graves para diseñar teteras y tostadoras, y de repente una tienda de descuento tenía buen gusto. Steve Jobs lo notó. Pidió conocer a “el tipo que está haciendo todo el trabajo de diseño en Target”.
El nuevo libro de Ron es Shop Different: How Retail Revealed Apple’s Genius (algo así como “Compra distinto: cómo el retail reveló el genio de Apple”). En él, escribe que una de las razones por las que Steve lo contrató fue que era una persona amable.
Amable. Steve Jobs. En la misma oración.
Le pregunté sobre eso.
Lo que Ron me enseñó
Ron creció en las afueras de Minneapolis. Un invierno murió el marido de una vecina, y los chicos le sacaron la nieve de la entrada de su casa antes de sacarla de la propia. Eso era, simplemente, lo que se hacía.
Steve pasaba sus días con gente que vivía en su cabeza. Chips. Código. Especificaciones. Ron vivía en su corazón. Un minorista tiene que hacerlo. Todo el trabajo consiste en cómo una cosa hace sentir a una persona.
Esto es lo que aprendí.
- Dónde te paras es tu primera oración.
Steve le dijo a Ron que lo primero que Apple le dice a un cliente es dónde pone la tienda. Si eliges el lugar equivocado, cualquier vecino del lugar lo sabe al instante. Saben dónde estaciona la gente. Dónde almuerza. Por dónde deambulan los turistas. Tienes que conocer el pueblo mejor de lo que el pueblo se conoce a sí mismo.
Ahora pienso en esto con todo. Dónde apareces habla antes de que lo hagas tú.
- Contrata en librerías.
Las viejas tiendas de tecnología estaban llenas de tipos manipulando aparatos, evitando el contacto visual. Aterrador si eras nuevo con las computadoras. Así que Apple reclutaba en librerías. Un buen vendedor de librería te pregunta qué estuviste leyendo y te lleva hasta el estante correcto.
Esa es la Genius Bar en una sola oración.
- Nunca apures al cliente.
Ron calculó que hacían falta cuatro o cinco visitas antes de que alguien comprara su primera Mac. Así que les dijo a sus empleados que dejaran que los clientes se tomaran todo el tiempo que quisieran, que les agradecieran, y que los invitaran a volver.
Y yo volví. Durante años. Entraba a la tienda de la Quinta Avenida sin nada para comprar, y salía sonriendo con un iPod, escuchando música de mi infancia que no había oído en décadas.
- Protege lo sagrado.
Hace poco, Ron recorrió todos los pasillos de artículos para el hogar de Target y los comparó con lo que había ahí hace treinta años. Ganó el Target viejo. Por lejos.
¿El culpable? Los pisos.
Target solía tener pisos blancos, pulidos todas las noches. Los colores rebotaban en ellos. Se sentía alegre. Hace más o menos una década, alguien los cambió por concreto gris oscuro porque quedaba más moderno. Ron dice que esa sola decisión le sacó la vida a toda la tienda.
Todo negocio tiene unas pocas cosas sagradas. La memoria institucional se desvanece rápido. Si nadie escribe la Biblia, alguien la termina tapando de una mano de pintura.
- Aguanta el golpe y arréglalo.
Apple abrió su tercera tienda un sábado. El lunes por la mañana, Ron entró a la reunión de ejecutivos. Steve levantó la vista: “No vendiste ni una computadora en todo el estado de Texas. ¿Qué haces aquí?”.
Ron se sentó y dijo que lo iba a arreglar. Steve iba directo al trabajo, siempre, y Ron lo sabía. A la gente de alto rendimiento le encanta eso. Te hace mejor.
- No tengas apuro.
Le pedí el mejor consejo de negocios que recibió en su vida.
Cinco palabras: “Don’t be in a hurry” (“No tengas apuro”).
Bajo el mando de Steve, Pixar hacía una película por año. Dos habrían duplicado los ingresos. Steve se negó. Apple esperó seis años después del iPod para hacer un teléfono. Tres más para el iPad. Uno se gana el derecho de hacer lo que sigue.
Ahora mismo, todo el mundo le está tirando cientos de miles de millones a la IA, aterrado de quedarse afuera. Apple se queda atrás, mirando.
Tal vez esa es la lección de Ron, escalada a una empresa de un billón de dólares.
Los clientes no se mueven a la velocidad de los negocios. Y tampoco lo hace nada que valga la pena construir.
Este es uno de mis podcasts favoritos del año. Haz clic aquí para escucharlo y entender por qué.
James Altucher
Para Libertad & Riqueza






