En casi todas las grandes revoluciones tecnológicas, los inversores se fijan en las empresas que acaparan los titulares y pasan por alto a las que hacen posible la revolución. Con unos USD 7,6 billones que podrían invertirse en infraestructura de IA hasta 2031, te explico por qué la próxima etapa podría premiar a compañías que casi nadie conoce, y qué mirar antes de comprarlas.
Por Alexander Green
Hay un error que veo cometer a los inversores durante casi todas las grandes revoluciones tecnológicas: se concentran en las empresas que acaparan los titulares y pasan por alto a las que hacen posible la revolución. Lo vimos con el surgimiento de internet, lo vimos con los teléfonos inteligentes, y creo que lo estamos viendo de nuevo hoy con la inteligencia artificial.
Durante los últimos años, los inversores se han concentrado, con razón, en un puñado de enormes empresas tecnológicas: Nvidia, Microsoft, Alphabet y Amazon. Estas compañías han generado retornos extraordinarios y, en muchos casos, un crecimiento extraordinario de sus ganancias. Pero los inversores que suponen que esas mismas empresas se llevarán toda la riqueza que cree la inteligencia artificial no están viendo el cuadro completo, porque la IA ya no es solo una historia de software: se ha convertido en una de las mayores obras de infraestructura de la historia.
Goldman Sachs estima que podrían invertirse unos USD 7,6 billones en infraestructura de IA entre 2026 y 2031, y ese dinero tiene que ir a alguna parte. La IA requiere semiconductores avanzados, esos chips necesitan centros de datos, y esos centros de datos necesitan enormes cantidades de electricidad, refrigeración, equipos de red, almacenamiento y componentes especializados.
Por eso creo que los inversores tienen que empezar a pensar de otra manera sobre el auge de la IA y sobre cómo invertir en infraestructura de IA. La primera etapa premió a muchos de los nombres obvios, y la siguiente podría premiar a empresas de las que la mayoría de los inversores nunca ha oído hablar.
He pasado más de cuatro décadas estudiando a las empresas más exitosas del mundo, y aprendí que las tecnologías revolucionarias tienden a crear oportunidades mucho más allá de los negocios que primero se vuelven sinónimo de ellas. Piensa en el automóvil: Ford se convirtió en un nombre conocido por todos, pero el automóvil también creó enormes fortunas en el acero, el caucho, el vidrio, el petróleo, los seguros y muchísimas otras industrias. Lo mismo pasó con internet: Amazon y Google se convirtieron en gigantes, pero también se crearon billones de dólares en riqueza gracias a las empresas que construyeron semiconductores, equipos de red, cables de fibra óptica, centros de datos y otras infraestructuras.
Esa es una de las grandes lecciones del progreso tecnológico: la empresa que inventa una revolución no es necesariamente la única que hace ricos a los inversores. Y la inteligencia artificial está llegando ahora a esa etapa.
Goldman Sachs estima que el gasto de capital anual en IA podría pasar de unos USD 765.000 millones este año a USD 1,6 billones en 2031, y que las cinco mayores hiperescaladoras de Estados Unidos (hyperscalers: las gigantes que operan centros de datos a escala masiva) podrían gastar cerca de USD 1,2 billones solo en 2027.
Para los inversores, la pregunta importante no es si la IA va a atraer mucho capital, porque claramente lo hará, sino cuáles empresas lo van a capturar. Ahí es donde las empresas más pequeñas se vuelven especialmente interesantes. [¿Hacia dónde va la IA ahora?]
Si una empresa de un billón de dólares suma otros USD 5.000 millones en ingresos, es una buena noticia, pero probablemente no la transforme. En cambio, para un negocio que vale unos pocos miles de millones de dólares, o menos, un nuevo cliente importante o un contrato de miles de millones puede cambiarlo todo: los ingresos pueden dispararse, las ganancias pueden acelerarse y Wall Street puede, de pronto, valorar a la empresa de una manera muy distinta.
Por supuesto, esto no significa comprar todas las empresas pequeñas que mencionan la inteligencia artificial, ni mucho menos. Cada vez que entra tanto dinero a una tecnología nueva llega la especulación: habrá ganadores extraordinarios y también muchos perdedores. Por eso recomiendo que los inversores se concentren en los fundamentos:
¿Están creciendo los ingresos?
¿Las ganancias se mueven en la dirección correcta?
¿La empresa tiene una ventaja competitiva?
¿La dirección está creando valor para los accionistas?
Y, sobre todo, ¿hay evidencia de que el auge de la IA realmente está beneficiando al negocio?
Alexander Green
Para Libertad & Riqueza






