Charlie Munger no se hizo rico estudiando hojas de cálculo, sino que aplicando un puñado de ideas que tomó prestadas de todos los campos que encontró. En esta columna vemos seis de sus modelos mentales, desde invertir el problema hasta desconfiar de la multitud, para que evites los errores que arruinan carteras.
Por Sean Ring
Durante la Segunda Guerra Mundial, un joven oficial meteorólogo del Cuerpo Aéreo del Ejército de Estados Unidos se sentaba de noche en un hangar y se hacía una sola pregunta:
¿Cómo podría matar a estos pilotos?
No era un saboteador. Era Charlie Munger.
Munger calculó que sus pronósticos podían matar a un piloto de dos maneras. Podía enviar un avión hacia hielo que no podía soportar, o podía mandarlo a un lugar donde se quedaría sin combustible antes de encontrar una pista donde poder aterrizar. Así que se obsesionó con evitar esas dos cosas, lo que le permitía dormir tranquilo.
El mes próximo se cumplen tres años de la muerte de Munger, quien falleció a casi un mes de cumplir 100 años. Hasta hoy no me había dado cuenta de lo aburrido que ha sido el mundo financiero sin él. Es uno de mis héroes del mundo de las inversiones y merece un lugar en el podio de los inversores de cualquier persona.
Es una pena que la mayoría solo lo recuerde como el compañero gruñón de Warren Buffett en Berkshire Hathaway. Pero el hombre que ayudó a convertir una textil en quiebra en una de las mayores fortunas de la historia no lo hizo con hojas de cálculo.
El viejo Charlie lo hizo en base a un puñado de ideas que tomó prestadas de todos los campos que pudo encontrar. Las llamaba su “entramado de modelos mentales”. Por suerte, fue lo bastante generoso con sus modelos como para que podamos usarlos todos los días.
Aquí van seis de los modelos mentales de Charlie Munger que vale la pena tener a mano en tu escritorio:
- Invierte el problema
Esa pregunta del hangar es la herramienta más famosa de Munger. Tomó prestada la frase “invierte, siempre invierte” del matemático del siglo XIX Carl Jacobi.
La mayoría de la gente persigue el éxito. Munger estudiaba el fracaso. Le gustaba bromear con que lo único que quería saber era dónde iba a morir, para no ir nunca a ese lugar.
Pruébalo con tu dinero. No preguntes: “¿Cómo me hago rico?”. Pregunta: “¿Cómo se arruina la gente?”. Se endeuda demasiado. Persigue lo que se duplicó el año pasado. Entra en pánico en los mínimos del mercado. Paga comisiones abultadas por resultados promedio.
Evita esas cuatro cosas y ya estarás por delante de la mayoría de los profesionales.
- Muéstrame el incentivo
Munger lo dijo sin rodeos: muéstrame el incentivo y te mostraré el resultado.
Pensaba que los incentivos eran la fuerza más subestimada en los asuntos humanos. La gente no hace lo que dice. Hace aquello por lo que le pagan.
Por eso un corredor de bolsa adora el fondo que tiene la comisión más alta. Por eso un político gasta dinero que nunca tendrá que devolver. Ninguno de los dos es un monstruo. Cada uno simplemente sigue el incentivo que tiene enfrente.
Cuando una política o un producto no tiene ningún sentido, deja de preguntarte si las personas detrás son tontas y pregúntate por qué les pagan. La respuesta suele explicarlo todo.
- Conoce tu círculo
Munger y Buffett se mantuvieron al margen de gran parte de la burbuja de las puntocom. Soportaron burlas interminables por eso. No entendían esos negocios, así que no compraron sus acciones.
Munger llamaba a esto mantenerse dentro de tu círculo de competencia. El tamaño del círculo importa poco. Lo que importa mucho es saber dónde queda su borde.
No necesitas entenderlo todo. Necesitas saber qué es lo que no entiendes y mantener tu dinero fuera de eso.
- ¿Qué más podrías comprar?
Cada dólar que gastas tiene un rival. Munger comparaba cada idea nueva con la mejor que ya tenía. Si la nueva no era mejor, la descartaba.
Los economistas llaman a esto costo de oportunidad. Munger lo trataba como el primer filtro de cada decisión.
Suena simple, pero en la práctica es brutal.
La mayoría de las acciones que te sientes tentado a comprar no son mejores que las que ya tienes en tu cuenta. Munger te diría que te quedes quieto. Compró muy pocas cosas y se quedó con ellas durante décadas.
- Cuidado con la multitud
Estamos programados para imitarnos unos a otros. Cuando no sabemos qué hacer, hacemos lo que hace todo el mundo a nuestro alrededor. Por eso las reseñas de Amazon importan tanto.
Esa programación mantuvo vivos a nuestros ancestros en la sabana, pero arruina a los inversores. Así nacen las manías especulativas: todos compran porque todos los demás están comprando, hasta que ya no queda nadie a quien venderle.
Benjamin Graham le puso rostro a esa multitud: el Sr. Mercado. Algunos días el Sr. Mercado está eufórico. Otros días está aterrado. Munger aconsejaba ignorar sus estados de ánimo y comprarle cuando está desesperado por vender.
Esto nos lleva a nuestro último modelo, que parece contradictorio…
- El efecto Lollapalooza
¿Qué pasa cuando fuerzas distintas empujan en la misma dirección al mismo tiempo?
Juntos, factores como los incentivos, el comportamiento de la multitud y el crédito barato se convierten en una fuerza exponencial.
El resultado es el “efecto Lollapalooza”.
Explica las burbujas, los desplomes y el milagro ocasional. Cuando veas tres o cuatro fuerzas alineadas detrás de una misma operación, presta atención. Algo grande viene en camino. Que sea bueno o malo dependerá de cómo estés posicionado.
Así que cuidado con la multitud, pero fíjate hacia dónde va.
Para cerrar
Munger dijo una vez que quería que lo recordaran más por enseñarle a la gente a pensar mejor que por cualquier acción que haya comprado.
Consiguió lo que quería. No necesitas los miles de millones de Berkshire para usar sus herramientas. Necesitas un lápiz, un poco de paciencia y el coraje de hacer primero una pregunta incómoda.
Antes de tu próxima gran decisión, sigue el ejemplo de ese joven meteorólogo en el hangar. Averigua de qué maneras puedes fracasar… y luego evita hacer esas cosas.
Descansa en paz, Charlie. Han sido tres años largos sin ti.
Que tengas un gran día.
Sean Ring
Para Libertad & Riqueza






