Una acción no se mueve por lo que gana una empresa, sino por lo que los inversores sienten frente a esa cifra: miedo o codicia. Te cuento por qué esas dos emociones mueven todo el mercado y qué conviene hacer cuando llegan a los extremos.
Por Marc Lichtenfeld
He aprendido muchas lecciones sobre inversión a lo largo de mi vida. Muchas las aprendí por las malas, perdiendo dinero en el mercado, pero otras vinieron de los libros y de las aulas.
Las finanzas conductuales fueron mi clase favorita y la más útil.
Claro, entender un estado financiero vale la pena. Pero lo más importante que he aprendido es que las acciones se mueven por dos cosas: el miedo y la codicia.
Una acción no salta porque una empresa ganó USD 1,10 por acción. Sube porque los inversores creen que, si la empresa ganó USD 1,10 por acción, el precio actual es demasiado bajo. Esperan que el precio suba, así que compran.
Ahora bien, supongamos que otra empresa ganó exactamente la misma utilidad, pero esa cifra provoca temor a que el negocio se esté deteriorando. Los inversores venden y la acción cae.
Los mismos USD 1,10 por acción de ganancias, pero emociones distintas frente a ese resultado: miedo… y codicia.
Cuando las emociones llegan a niveles extremos, muchas veces es un buen momento para comprar o vender, según si la emoción es miedo o codicia.
Existen varios indicadores que ayudan a los traders a determinar cuándo el sentimiento está en niveles elevados. Los buenos traders pueden aprovechar esos vaivenes con eficacia, pero no es fácil. El miedo y la codicia a veces se mueven de maneras imprevistas: el sentimiento puede mantenerse extremo por más tiempo del esperado o revertirse de un momento a otro.
Una de las cosas más importantes que hay que entender del mercado es que, cuando el sentimiento es de euforia (cuando la gente cree que el mercado solo puede subir, profesionales como médicos y abogados renuncian a sus trabajos para dedicarse a operar y los conductores de Uber te dan recomendaciones de acciones), suele ser momento de sentir miedo y de vender algo.
Lo contrario ocurre cuando el miedo se apodera del mercado. Piensa en la crisis financiera global o, más recientemente, en el desplome por el COVID-19 en 2020. Los inversores y la población en general daban por hecho que las cosas iban a estar mal durante mucho, mucho tiempo. En el caso de la crisis financiera global, algunos creían que era el fin de la economía tal como la conocemos.
Aunque la crisis era muy real, la economía, por supuesto, se recuperó como siempre lo ha hecho. Si hubieras comprado acciones mientras todos los demás vendían, habría sido un punto de entrada extraordinario (y recuerda que el mercado tocó fondo en marzo de 2009, mucho antes de que los economistas y los analistas del mercado dieran la señal de que lo peor había pasado).
La lección no es esperar a que las cosas cambien, sino actuar cuando parece que nunca van a cambiar. Lo que hagas debe ser lo opuesto de lo que estás sintiendo.
Cuando los inversores se vuelven excesivamente temerosos o codiciosos, suele ser un excelente momento para entrar en tus posiciones o salir de ellas. Los mercados no se quedan para siempre por las nubes ni por los suelos: hay un ir y venir.
Entrénate para ir contra la corriente en los extremos. Cuando aprendas a hacerlo, tu forma de operar y de invertir mejorará de manera notable.
Marc Lichtenfeld
Para Libertad & Riqueza






