A los cuatro años me perdí en una tienda y me abracé al pantalón equivocado, pensando que era el de mi papá. Pasé buena parte de mi vida haciendo lo mismo con el dinero y con la gente. Te cuento qué me enseñó una charla con el físico Carlo Rovelli sobre por qué nada es fijo, y por qué la única pregunta que vale la pena hacerse no es “quién soy”, sino “a quién estoy conectado”.
Por James Altucher
Cuando tenía cuatro años, me perdí en una tienda.
Corrí por los pasillos llorando. Ahí los vi. Pantalones marrones. Zapatos oscuros. El “uniforme” de mi papá. Corrí y me abracé fuerte.
Pero no era mi papá. Cuando levanté la vista, se rió. Y yo salí corriendo, gritando.
Hoy, mirando hacia atrás, pienso que me pasé la mayor parte de mi vida haciendo eso.
Abrazarme a lo que pareciera sólido:
- El dinero.
- Las empresas.
- La gente que parece segura de sí misma.
Me abrazaba fuerte, después levantaba la vista, y me daba cuenta de que no tenía idea de a quién estaba abrazando.
A los cuatro años no lo entendía. Pero ahora, gracias a un físico, lo entiendo mejor.
Su nombre es llama Carlo Rovelli. Trabaja en gravedad cuántica. Agujeros negros. Qué pasó antes del Big Bang. Y qué tiene que ver todo eso con vivir una buena vida. Su nuevo libro acaba de salir: On the Equality of All Things (algo así como “Sobre la igualdad de todas las cosas”).
Lo tuve en el podcast y hoy quería contarte cómo Carlo cambió la forma en la que pienso todo. Literalmente.
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A) Nada es fijo
Me hice rico y me fundí en el mismo año. La casa grande, se fue. La mayoría de los amigos, se fueron. Eran amigos del dinero.
Me quedé meses enteros haciéndome una sola pregunta. ¿Quién soy sin todo eso?
Resulta que los físicos también se hacen ese tipo de pregunta. No sobre ellos mismos. Sobre todo lo que existe.
¿Qué es una cosa, en sí misma, sin nada alrededor?
Carlo dijo que es la pregunta equivocada. Los físicos hoy entienden que las cosas se definen por sus relaciones. Nada es fijo.
Por eso “¿Quién soy, en realidad?” tampoco tiene respuesta.
Las preguntas mejores sí tienen respuesta. ¿Quién soy para mis hijos? ¿Quién soy para mis amigos? ¿Quién soy para la gente que lee lo que escribo?
Cuando me hice esas, tenía mucho con qué trabajar. El dinero ya no estaba. Esas conexiones, sí.
Deja de cavar buscando tu verdadero yo debajo de todo. Mira con quién estás conectado. Ese es tu verdadero yo. Ahí es donde estás.
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B) La certeza mata el aprendizaje
Después de vender mi primera empresa, estaba seguro de que era un genio. Tiraba dinero para todos lados. Seguro de cada apuesta.
Resulta que así es como pierdes USD 15 millones.
Carlo dice que cada generación de científicos cree que sabe casi todo lo que hay para saber. Y cada generación se equivoca.
Newton escribió su obra maestra y la terminó admitiendo que no sabía por qué funciona la gravedad. La gente que más descubrió nunca pensó que había terminado.
Arranqué más de 20 empresas. La mayoría fracasó. Las que más fracasaron fueron las que me daban más seguridad.
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C) No estamos parados afuera del universo
Carlo repetía una misma idea de distintas formas. No tenemos una vista desde afuera.
No somos dioses mirando el mundo desde arriba. Somos animalitos en el bosque, mirando alrededor. Todo lo que sabemos, lo sabemos desde adentro.
Antes pensaba que crecer significaba llegar al balcón. Suficiente dinero, suficiente experiencia, suficiente terapia, y finalmente iba a poder mirar mi vida desde arriba y ver qué era en realidad.
Nunca pasó. El balcón no existe.
Lo que existe es el pasillo en el que estás parado. La silla en la que estás sentado. La persona con la que estás hablando por teléfono. Esa es toda la vista que hay. Vuélvete lo mejor posible en controlar y hacer lo mejor con esa vista.
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D) El orden pasa solo
Lo intenté una última vez, a ver si me daba algo sólido. Pero todo se desmorona, ¿no? Las manzanas se pudren. Las piedras se hacen arena. La gente muere.
Me dijo que no.
Pon vinagre en un vaso de agua. Se mezcla para siempre. Pon aceite en agua y revuelve. Espera. El aceite se separa. Encuentra su propia forma. Nadie lo toca.
Las galaxias hicieron eso. La vida hizo eso. Las ciudades hicieron eso.
Yo también hice eso. Cuando todo se derrumbó, no tenía ningún plan. Solo seguí adelante, un día a la vez. Una gran vida se fue formando alrededor, de a poco.
La decadencia es real. El orden, también.
Lo que me llevo: pasé una hora tratando de que Carlo me dijera qué es sólido. Qué es real.
Pero me dijo que nada lo es. Ni siquiera los átomos. Todo existe solamente en relación con otra cosa.
Así que volví a tener cuatro años, agarrado del pantalón marrón de un desconocido.
Toda la lección es esta: levantar la vista y hacerse mejores preguntas. ¿Con quién estoy conectado? Los amigos que conservo. Las ideas que dejo entrar. La gente de la que aprendo.
Eso es todo.
Si necesitas hacer algo con esta información: llama a alguien que quieras. Esa llamada, y esa persona, es donde estás.
Y después escucha el podcast completo aquí:
James Altucher
Para Libertad & Riqueza





